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El futuro que queremos

Actualizado: 26 ago 2021

En estos momentos de coyuntura que mejor reflexionar hacia donde vamos

Después de muchos días de caos, noticias importantes y desazón, vemos con preocupación como la tranquilidad diaria se va desmoronando y su lugar es ocupado por la zozobra e incertidumbre, con bombardeos desde todos lados, pero especialmente desde las redes sociales, con una verdadera guerra de información y sobretodo de desinformación que no ayuda a mejorar el panorama.

Aquellos que tenemos hijos volcamos nuestros esfuerzos y preocupaciones tratando de moldear un futuro que haga para ellos un camino más fácil de transitar, buscamos seguridades y certezas en medio de todas las incertidumbres existentes y al final del día ponemos la cabeza en la almohada buscando soñar con alguna luz entre tanta niebla, solo para despertar a la mañana siguiente con más sombras que luces.

Hoy es mucho lo que nos jugamos de cara al futuro, antes estaba el pueblo unido en contra de claros transgresores de nuestros valores y principios, hoy estos se han desdibujado y se hacen dignos (o mas bien indignos) a la interpretación de los intereses de turno y del que más seguidores tengan, el contexto es importante entenderlo para que podamos esclarecer un poco mejor nuestro panorama.


Un mes de protestas y demasiadas situaciones a enfrentar


Es evidente el caos que más de 40 días de bloqueos y protestas han traído a la sociedad colombiana, unas protestas que pueden ser justas, pero se han deslegitimado con el pasar del tiempo ya que se ha visto una violencia desatada y una guerra mediática de parte de ambos bandos. Haciendo a un lado las situaciones propias de la manifestación violentas y la respuesta del estado, debemos entender el fondo de la situación y plantear acciones que permitan una evolución de Colombia como país y de nosotros como parte de este Estado.

Si bien en el último mes han disminuido los niveles de protesta y la violencia además de los bloqueos asociados a las acciones de parte y parte, la batalla mediática se sostiene, de hecho cada día escala y se vuelve más intensa.


Un estallido social exacerbado por una pandemia inclemente.


Las consecuencias de haber estado en un encierro intermitente durante algo más de 14 meses han pasado factura a la resiliencia, a la esperanza y confianza del pueblo colombiano, y es que ante una clara disminución de los indicadores económicos, el aumento de la pobreza, el deterioro del empleo y una economía que no ha podido repuntar como se espera, las personas quieren encontrar una salida, piden herramientas para capotear la crisis y vivir un poco más tranquilos y no sobrevivir con lo justo y rezando para que las autoridades no decreten más toques de queda, restricciones o cuarentenas que los dejen sin lo mínimo para comer. Esto claramente no es culpa del gobierno, pero en el consciente colectivo de la sociedad se busca un culpable y se encuentra en aquel que no ofrece soluciones. Y es que en un principio los planes de vacunación no ilusionaban ni al más optimista de los colombianos, en nuestras percepciones se generalizó la incompetencia y falta de planeación para afrontar con mayor eficiencia esta tabla salvadora que implicaba un retorno a la normalidad más pronto, y aunque en un principio se hacia fiesta por hacer 13 vacunas diarias, se ha incrementado exponencialmente hasta las 347 mil dosis por día, demostrando un aumento significativo en la eficiencia del sistema, pero ya la imagen era muy difícil cambiarla ante la sociedad en general., máxime si cada dificultad es explotada por los políticos de turno para hacer política de cara a las elecciones del 2022.

Mientras en este momento la pandemia cede en diferentes regiones como Estados Unidos o Europa, y se empieza a vislumbrar un posible retorno a la normalidad (o al menos a una nueva modalidad de normalidad) en Colombia destrozamos los registros diarios de nuevos casos y de muertes por COVID 19, pero según los promotores del paro, eso no es por tener cientos de personas reunidas porque según ellos tienen protocolos de bioseguridad. A la fecha hemos superado largamente los 700 fallecidos diarios, y solo hasta estos días tenemos una nimia esperanza de que empezará a ceder este eterno pico de pandemia, pero como no puede haber dicha completa, ya se teme por un cuarto pico de pandemia debido a las variantes que surgen cada día en el complejo entorno que vivimos.

En este estallido social se han hecho presente la más variopinta calidades de ciudadanos, con las más diversas exigencias para negociar con el gobierno, el detonante inicial. fué una reforma tributaria, aquella que, aunque incomoda e inoportuna, buscaba extender las ayudas que en Colombia, con nuestro bajo presupuesto, podíamos mantener en búsqueda de una pequeña igualdad, tal vez los mecanismos no fueran los mejores, tal vez faltó fondo y un poco más de decisión, faltó mucha capacidad de negociación y toneladas de liderazgo, pero si propendía por un poco más de igualdad en medio de una pandemia que solo ha extendido la desigualdad, y eso, a manera criolla como cual florero famoso, inició aquellas marchas, donde se rechazaba algo que el 99% no sabía que era, y a manera de ola libertadora se empezó a marchar también por la falta de oportunidades, las desapariciones, la violencia, la desigualdad, el reclamo de derechos ancestrales, el fracking, el miedo a la pandemia, el no retorno a clases, y seguro se me quedan infinidad más, pero si podemos obtener un factor común de este tipo de manifestaciones es la inconformidad y desesperanza, y la creencia que el gobierno tiene que dar respuesta a todas estas situaciones. Si bien es cierto que este debe dirigir la forma de hacerse, proponer programas que ayuden a mitigar estas situaciones y tenerlas en la agenda además de buscar mecanismos que permitan iniciar caminos de mejora, es el Estado, el que debe solucionar todas estas situaciones, es que sin el apoyo de la ciudadanía, del empresariado no es posible responder a este clamor popular.

Es entonces, en este entorno inclemente, donde aparecen aquellos “próceres” modernos, que armados de bombas molotov, piedras, armas blancas y hasta armas de fuego, quieren disputar la legitimidad de ejercer la fuerza en el país, y entonces se violentan ambulancias, se obstruyen vías y se extorsionan personas con esta mal llamada lucha, y como en toda campaña libertadora, no faltan los Bolivar (perdón libertador) que pretenden llevar las consecuencias de estas acciones hasta el caos y la desnaturalización de la sociedad, porque esta es la única manera donde el éxito de los violentos está asegurado.

Colombia tiene que iniciar un verdadero proceso de sanción, donde de verdad las heridas se cierren aunque las cicatrices permanezcan, pero hasta el momento ni el proceso de paz ni los procesos de desmovilización de los paramilitares logran acercarse a este objetivo y solo despiertan más perspicacias e incertidumbres que certezas, sino estaremos condenados a dividir la ciudadanía entre derechos y paracos y zurdos o mamertos o guerrilleros, petristas y uribistas por toda la eternidad.

En mi opinión debemos hacer una profunda reforma al gobierno, existen instituciones que han perdido el norte y que se han dedicado a participar es la vida de la política nacional, la primera y más preocupante es FECODE, que ha mostrado su faceta política y que, sin entrar a debatir en la afinidad de la misma, si es reprochable y preocupante que se genere un escenario político en ves de un alma mater que deba dedicarse al ejercicio del conocimiento sea un centro de adoctrinamiento. La educación debe ser el vehículo estratégico de la competitividad del país a futuro, el centro de adoctrinamiento de la excelencia, la innovación y la ética, del desarrollo de la personalidad y el fortalecimiento de valores, del respeto de la vida y el diseño del futuro.

Como segundo y no menos importantes, la reforma a la justicia debe ser un clamor nacional, es la génesis del desamparo social, de la desazón de futuro y de generación de injusticia además de nuestra costumbre de tomar la justicia por mano propia, es importante que la rama judicial sea efectiva y eficiente, que se invierta en las herramientas necesarias para que el aparato judicial sea mejorado, con métodos de vanguardia que permita el cierre efectivo de dichos procesos, que evolucione a la medida del siglo XXI y no que siga anclada a en el pasado. También debe revisarse el funcionamiento de las altas cortes, desde afuera se ven viciadas de politiquería, con favoritismos y preferencias que trascienden la razón y la justicia, esa sensación de parcialidad y sesgo político van en detrimento de la confianza de los colombianos en la institucionalidad y refuerzan la idea de impunidad y de tomar la justicia por mano propia. La Justicia Especial par la Paz es un ente con la misión fundamental de encontrar la verdad y ofrecer a las víctimas de la violencia un cierre que permita garantizar la “verdad, la reparación y no repetición” de todas aquellas acciones vividas en el país, dentro de la necesidad de cerrar heridas y encontrar la verdad, es fundamental la existencia de la misma, lo que es cuestionable es el manejo que se le ha dado a los procesos y se muestra, al igual que varias de las altas cortes, como un organismo paralizado en favor de solo un lado de la historia, com paupérrimos resultados y aún mayores controversias, como la de Santrich, que aprovechó una cuestionada decisión para evadir la justicia y reencontrarse con la ilegalidad, mientras esta institución no muestre unos verdaderos resultados, coherentes, transparentes e imparciales, siempre encontrará voces que se alcen en discordia.

El congreso debe ser otro de los entes a reformar, un sistema bicameral que tiene un indice de aprobación que no supera el 25%, que esta llena de escándalos y corrupción, una institución donde pululan camaleónicos personajes que se acomodan con cada encuesta, cada trino y el vaivén de las redes sociales, “nobles” lagartos donde el escándalo es ley y el irrespeto es norma, donde se debaten leyes inocuas y de poco impacto, pero se hunden ideas fundamentales y disruptivas simplemente porque hay o no mermelada. El congresista colombiano es el segundo que más gana en la región, con una composición de 280 “honorables congresistas” entre las dos cámaras, y las prebendas que se deben adicionar al salario, sus equipos de trabajo y el marcado ausentismo, es una estructura que desangra el presupuesto nacional y cuyos resultados solo perturban, enojan y enturbian el futuro de los colombianos.

Pero tal vez, el cambio más profundo debe ser el nuestro, de cada uno de los colombianos que reñimos cada día con las personas que no piensan igual que nosotros, que despotricamos con cada uno de nuestros deportistas que lo intentan y no lo logran, tal vez por el solo hecho de esforzarse en algo que nosotros fracasamos y abandonamos, con los que morimos de envidia con el vecino que estrena carro y es porque es lavador o mafioso, con nosotros mismos que juramos con una mano en La Biblia, que nuestro jefe es bruto, pero es amigo de los dueños, por eso está por encima de nosotros, somos los mismos que le mentamos la madre al que se nos pasa en el semáforo, que somos capaces de “braviar” al que sea.


Se vienen una elecciones que delinearán de una u otra manera el futuro de nuestro país, será la más polarizada que tenga memoria y que en esa misma polarización encontraremos como nunca dos formas de ver la vida y de afrontar el futuro y los problemas actuales, donde la brecha generacional es términos de ideales, métodos, creencias y valores son más opuestas que nunca, un panorama donde nadie quiere ceder un ápice y solo estamos mirando como será el post-eleccion más que las campañas en si, ni siquiera nos importa que propuestas se tengan, porque estamos votando como en la época de la violencia, godos y liberales sin importar que piensen. Creía que eso lo habíamos dejado atrás, que habíamos aprendido de nuestra historia, pero no, hoy nos dividimos (o mejor dicho, nos dejamos dividir) y ya. Uno de los dos bandos cantará victoria y el otro estará presto a decir que la elección se la robaron y a polarizarnos más, es acá, hoy y antes donde debemos pensar cual es el país que queremos, y lo primero será empezar a dejar atrás la polarización que hoy tenemos.

En el país que queremos, tal vez debamos recordar mejor a los amigos que son capaces de compartir lo poco que tienen, porque solo en Colombia “se le echa más agua a la sopa” para que todos coman, solo en Colombia se reúnen tres desconocidos y terminar al ritmo de un regueton y varias polas de amigos y parceros, porque tenemos dentro de n nuestros corazones, siempre la mano tendida para aquel que esta nuevo y lo hacemos sentir como en casa, porque no nos duele dar un abrazo, porque queremos siempre acompañar al que sufre y porque siempre queremos más al papá y a la mamá que cualquiera, porque somos el único país que tenemos desde nevados hasta costa, pasando por bosques tropicales húmedos o desiertos, con una biodiversidad inconmensurable, y donde nunca nos falta una sonrisa, un desinteresado transeúnte que nos de una mano, nos indique una dirección y que inclusive nos acompaña porque va por ahí cerquita. Ese es l país que quiero para mis hijos, un lugar que va más allá del nombre, que se entierra en el alma y te llama al final de tus días si has estado lejos por mucho tiempo, un país donde se sientan seguros, donde no tengan que agachar su cabeza a ningún dictador ya sea de izquierda o de derecha, un país donde el sol es radiante cada día y se despide con miles de colores para darle paso a una hermosa luna, que nos sonríe y nos hace más acogedora la noche, ahí es donde quiero vivir….


Definición de Estado

Comunidad social con una organización política común y un territorio y órganos de gobierno propios que es soberana e independiente políticamente de otras comunidades.

Definición de Gobierno

Conjunto de personas y organismos que gobiernan o dirigen una división político-administrativa (estado, autonomía, provincia, municipio, departamento, etc.).


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